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Estudiante brasileña Catarina Migliorini vende su virginidad a un japonés por 780 mil dólares

catarina

Con sólo 18 años, la joven estudiante brasileña Catarina Migliorini se topó por casualidad con el documental australiano ‘Virgins wanted’ (Se buscan vírgenes) y vio en él una oportunidad de ganar dinero. “El proyecto” como ella describe la transacción comercial por la cual un japonés de nombre Natsu ha adquirido su virginidad, consistía en sacar a subasta pública el primer encuentro sexual de dos voluntarios -a saber, Catarina y el joven ruso Alexander Stepanov- y narrar, después, su experiencia, informa El Mundo de España en su página web.

La puja, difundida a través de internet, ha sido recientemente clausurada con cifras muy significativas: 780.000$ (599.677 euros aprox.) abonados por el japonés que mantendrá relaciones con la joven brasileña a bordo de un avión, frente a los 3.000$ (2.306 euros aprox.) que alguien identificado como Nene B. ha pagado en el caso de Stepanov. Ambos jóvenes relatarán sus sensaciones en la película de Justin Sisely que ya ha advertido “no incluirá las escenas íntimas”.

Por su aparición en el ‘film’, los protagonistas percibirán una cantidad de 20.000$ (15.376 euros aprox.) que se sumarán a las ganancias obtenidas en la subasta. “Pretendo crear un proyecto que ayude a las familias a tener un hogar. Pero no soy hipócrita y no voy a emplearlo para eso únicamente. Mi plan es estudiar medicina en Argentina. Ya estaba matriculada pero decidí posponerlo”, explica Catarina en el periódico brasileño Folha de Sao Paulo. En la misma entrevista, enumera las condiciones del acuerdo a las que tendrá que someterse ‘su pretendiente’: no podrá llevar a otras personas, ni usar juguetes sexuales, el encuentro durará una hora como máximo, deberá usar preservativo y nada de besos. “No está en el contrato”.

La ‘cita’ tendrá lugar a bordo de un avión a medio camino entre Australia y EEUU para sortear la legislación de los países sobre la prostitución. “Para mí no lo es, aclara Catarina. Cuando alguien hace algo una vez en la vida no puede considerarse una profesión. No porque alguien haga una foto buena es un fotógrafo”.

Dos años después de embarcarse en lo que ella califica como un mero “negocio”, esta joven se describe a sí misma como “una chica muy romántica que no ha dejado de creer en el amor”. Por el momento, ella y su compañero ruso se encuentran en un hotel de Bali grabando la primera parte del documental en espera del día señalado para que consumen ‘su proyecto’.

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