Quieres Ser Woody Allen?
Woody Allen es y será, inexorablemente, infinito. Desde su amada New York en perspectiva, vemos reflejada su mirada europea en las locaciones en las que se desarrollan sus más recientes realizaciones. A modo de continuidad personal, desde las más iconoclastas ciudades europeas, quien desde hace ya más de cuarenta años nos entrega su atormentado y neurótico personaje, no cesa de reconstruir cada pasaje del Universo que lúdicamente combina sus obsesiones y su irónico sentido de lo Bello.
Es acaso Woody el Último Gran Romántico de nuestra era.
Versalles es dorado desde la arquitectura hasta el cielo. Una pincelada de personajes que los espectadores aciertan en un generoso 50 %… El retro ha vuelto para quedarse y enseñarnos que nada puede ya ser inventado. El esplendor reside en los pechos planos de las flappers, los majestuosos carros, y los cortes garçon. La sutileza etílica y lo brutal de una Paris poblada de cultores del lenguaje visual, sonoro, y literario que delimitaría las sensaciones del Siglo XX. Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Picasso, Gertrude Stein, Dalí, Buñuel, y todos ellos son Woody Allen.
Encaramado en el sensible caracter de Owen Wilson, Allen se aventura en un pasado constante y sólidamente necesario, y va definiendo las líneas de un regreso permanente que nos cautiva.
Es que Woody con los años se nos ha puesto aún más caprichoso, y da rienda suelta a sus más infantiles inclinaciones. Se da el lujo de ofrecernos una diáfana Carla Bruni como guía en este destino de su periplo europeo. Existen, entonces, el Hombre y lo Circular. En una rotonda el tiempo se transfigura y el sueño vuelve a brillar. La Inspiración está embebida de baños de satén y boquitas pintadas. Pálidos espectadores que no podemos regresar pronto a la sensación de realidad.
Pero allí está Woody rescatándonos. No hay proclama, no hay discursos. Hay un sueño. Un nuevo sueño. El soñar hacia atrás para volvernos modernos, esperando bajo la luna ansiosos junto a una fuente, aguardando la medianoche en la ciudad que jamás dormirá y es una fiesta eterna y circular.
Alberto
brillante. una nota para guardar.